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| Desconocemos
las circunstancias y las motivaciones precisas de este
óleo, que ha permanecido siempre en colecciones privadas:
¿impulso personal o satisfacción de un encargo? |
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| En la revista Bohemia
(No. 24, del 11 de junio de 1939) salió publicado
un amplio reportaje de Antonio Ortega con el título
«A la Habana ha llegado un barco...», que muestra
imágenes de los pasajeros del St. Louis. |
A fines de mayo de 1939, el buque alemán
SS St. Louis se dispone a entrar en la bahía de
La Habana. Viene con este destino desde Hamburgo, cargado
con más de 900 judíos escapados de la persecución nazi.
En la ciudad, algunos tienen familiares y amigos que los
esperan en tierra junto a otros miembros de la comunidad
hebrea. Pero el presidente cubano, Federico Laredo Bru,
emite una orden especial que prohíbe al St. Louis
entrar al puerto. El barco es escoltado hacia las afueras
por lanchas de la policía. Al cabo de una semana, sólo
una treintena de los pasajeros ha obtenido autorización
de desembarco.
Una compleja trama de intereses en la que intervienen
las leyes cubanas de inmigración, la correlación internacional
de fuerzas, la abstención de Estados Unidos, las contradicciones
internas de la política cubana, la campaña antisemita
alentada en Cuba por el régimen alemán, así como el engranaje
de corrupción de funcionarios locales que venden visas
y permisos, convierten el asunto en un sórdido drama.
Finalmente, los judíos no son admitidos en la Isla y el
2 de junio el barco zarpa rumbo al océano, escoltado por
la policía cubana. Siguen otros incidentes de la odisea:
rechazados también por Estados Unidos, deben regresar
a Europa central rumbo a un destino incierto. Pero, a
punto de llegar a Hamburgo, se conoce que Francia, Inglaterra,
Bélgica y Holanda acogen a los judíos del St. Louis...
La historiadora Margalit Bejarano ha calificado este episodio
como «el portazo final en la cara de los judíos alemanes,
tres meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial».
De este dramático suceso, que tuvo a La Habana como escenario
principal, quedó la memoria viva de testigos o protagonistas,
mucho material de archivo y los testimonios gráficos en
la prensa de la época. Pero tendrá —además— un cronista
inesperado: el pintor Víctor Manuel.
Es curioso que el creador de los paisajes cubanos ideales
o de las melancólicas «gitanas», fuera del tiempo, haya
sido atraído ocasionalmente por situaciones o personajes
de la historia más reciente, de los que fue espectador
y sobre los que dio versiones de primera mano, aunque
a veces primarias o llenas de ingenuidad.
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| Víctor Manuel (La Habana, 1897-1969)
fue de los iniciadores de la pintura moderna en
Cuba. A partir de su primer viaje a París (1927)
y su contacto con el postimpresionismo, transforma
su estilo, que fragua ya en 1929 cuando pinta
en esa ciudad su famosa Gitana tropical,
la cual devendría símbolo de todo su arte. Desde
entonces abordará dos temas fundamentales: las
cabezas femeninas y los paisajes. Esta foto inédita
forma parte de una secuencia que le tomara Chinolope
en los años 60 y que fue presentada en la muestra
«Nuevo encuentro con Víctor Manuel» |
En ese sentido, Víctor Manuel fue
rozado por las tendencias sociales que atravesaron la
pintura cubana de los años 30. (Véanse, por ejemplo, el
óleo titulado Desahucio, o un dibujo representando
un manifestante antimachadista, o la acuarela titulada
Los refugiados, por sólo citar obras de la colección
del Museo Nacional de Bellas Artes.)
Pero Diáspora —título con la que ha sido publicada
en años recientes— es una pieza de mayores pretensiones.
Desconocemos las circunstancias y las motivaciones precisas
de este óleo, que ha permanecido siempre en colecciones
privadas: ¿impulso personal o satisfacción de un encargo?
Lo cierto es que el paso del St. Louis por la capital
cubana, la espera angustiosa y el infeliz desenlace, debieron
impresionar fuertemente a Víctor Manuel, pues años después
—tomándose sus licencias respecto a la precisión histórica—
trasladó al lienzo sus recuerdos, llevados a la atmósfera
inconfundible de su pintura.
Los testimonios del primer coleccionista de la obra y
de familiares próximos, ligados además por relaciones
de amistad con el pintor, no sólo permitieron identificar
el tema mismo y sus inusuales protagonistas, sino que
la situaron en una fecha aproximada —los años 40— y establecieron,
sobre todo, su título original, que debe recuperar: Los
olvidados.
En la revista Bohemia (No. 24, del 11 de junio
de 1939) salió publicado un amplio reportaje de Antonio
Ortega con el título «A la Habana ha llegado un barco...»,
que muestra imágenes de los pasajeros del St. Louis.
Ramón Vázquez
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| Diáspora, óleo sobre
lienzo (94 x 96,8 cm), fue realizado en los años
40 por Víctor Manuel, según se ha podido constatar
gracias al testimonio de familiares y amigos del
pintor. Ellos establecieron también su título
original —que debe rescatar—: Los olvidados. |
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